La historia de la Hostería Quellón comienza después de uno de los acontecimientos que marcaron profundamente a Chiloé: el terremoto de 1960. En aquellos años, el Estado impulsó distintas iniciativas para fortalecer la conexión de Chiloé con la zona austral y fomentar el desarrollo turístico del territorio. A través de créditos otorgados por CORFO, Manuel Pérez decidió embarcarse en una aventura que, con el tiempo, se convertiría en parte de la historia de Quellón.
Así, entre 1962 y 1963, comenzó a levantarse la hostería.
Los planos fueron realizados con la colaboración de personas de la localidad, entre ellas Edgardo Andrade, y la construcción estuvo a cargo de carpinteros de la zona. Don Onofrio Almonacid y sus hijos fueron parte de quienes dieron forma, con sus propias manos, a este proyecto que comenzaba a tomar vida.
Pero llegar a Quellón en aquellos años no era sencillo. Las carreteras eran difíciles y el viaje hacia el extremo sur de Chiloé requería de ciertas dosis de aventura. En ese contexto, la Hostería Quellón comenzó a convertirse en un punto de encuentro para quienes transitaban hacia Aysén, Coyhaique y otros territorios australes.
En el segundo piso funcionaban los comedores, donde se ofrecía una gastronomía profundamente ligada al territorio. Los alimentos se preparaban en el momento y se trabajaba con productos frescos de la zona. Entre ellos, uno comenzó a convertirse en un verdadero sello de la casa: la centolla.
Con los años, la hostería fue ganando reconocimiento y, especialmente durante los veranos, comenzó a recibir cada vez más visitantes. Pero su importancia no se limitó al hospedaje. Poco a poco, se transformó también en una ventana desde la cual Quellón y Chiloé podían darse a conocer más allá de la isla.
Marlene Pérez, hija de los fundadores, recuerda cómo su madre, Bernardita Saldivia, asumió también un papel fundamental en la proyección del proyecto. Participaron en iniciativas vinculadas al turismo y viajaron para dar a conocer las posibilidades de Chiloé y Quellón como destino turístico.
Durante sus años de mayor esplendor, la hostería fue también escenario de encuentros y visitas memorables. Artistas y actores pasaron por sus habitaciones y salones. Entre quienes estuvieron allí se cuentan actores vinculados a La Fiebre del Loco , además de numerosos músicos y artistas que llegaron hasta el extremo sur de la isla.
Incluso en tiempos de campañas presidenciales, la hostería se convirtió en un lugar de encuentro político. Unos días podía estar completamente embanderada para recibir a un candidato y, semanas después, acoger a representantes de una opción política completamente distinta.

Pero la historia de la Hostería Quellón también está marcada por las pérdidas.
En 1990, un incendio provocado por problemas de voltaje en el pueblo destruyó la antigua estructura. El edificio que hoy conocemos es, en parte, fruto de esa reconstrucción y de la voluntad de una familia que decidió mantener vivo el proyecto.
Porque la historia de la Hostería Quellón no terminó con el incendio.
Décadas después, el proyecto vuelve a tomar fuerza de la mano de una nueva generación. Para Marlene, ver a su hija ya su yerno asumir el desafío de continuar con la hostería es motivo de orgullo y felicidad.
El objetivo no es convertirla simplemente en un hotel moderno. La apuesta es recuperar aquello que hizo especial a la hostería desde sus comienzos: su carácter de casa, su historia, sus materiales, su tradición y esa forma artesanal y rústica de recibir a quienes llegan hasta Quellón.
Hoy, después de aproximadamente 60 años de historia, la Hostería Quellón busca seguir siendo parte de la vida del territorio.
Una historia que comenzó con una familia, con carpinteros y trabajadores de la zona, con una apuesta por el turismo en un Quellón todavía difícil de alcanzar.
Una historia que atravesó el auge, el reconocimiento, el incendio y la reconstrucción.
Y que hoy continúa, de generación en generación, con la misma idea que la vio nacer: hacer de esta casa un lugar de encuentro, memoria y hospitalidad en el extremo sur de Chiloé.
